Distopía

La ficción distópica, también conocida como literatura apocalíptica, describe una sociedad que como consecuencia de tendencias sociales se convierte en indeseable en sí misma.

El filósofo John Stuart Mill fue el primero en acuñar este término en una intervención en el parlamento a finales del siglo XIX. Uno de los elementos que caracteriza a este género es el ataque a los defectos de la sociedad en forma de sátira con finales apocalípticos. En ocasiones son presentadas también de forma superficial como obras utópicas que conforme se van adentrando en la historia, se descubre que para el funcionamiento de una sociedad ideal es indispensable la existencia de su contrario, es decir, la distopía. 1984 de George Orwell o Un mundo feliz de Aldous Huxley son las obras más conocidas que representan este género; la primera en forma de distopía política y la segunda tecnológica .

Para mayor entendimiento pongamos un ejemplo de este género literario:

Siglo XXI, un país que tras una dura dictadura y a pesar de la posterior época de transición no ha conseguido avanzar. Con una sociedad que se encuentra en su mayoría dormida, que tras las injusticias que se cometen a diario no se alza, que no creen que un cambio sea posible y si lo fuera ellos no podrían llevarlo a cabo porque “el bipartidismo” o el recurrido “siempre ganan los mismos”.

Un país que se encuentra inmerso en una crisis económica donde viven personas que tras perder su empleo siguen votando al mismo partido político que les hizo estar en esa situación por los recortes que llevaron a cabo. Una sociedad que presume de progresista mientras que en ella sigue habiendo gente con una mentalidad retrógrada que piensa que los antiguos valores eran los buenos, los de verdad, que ahora hay demasiada libertad y que eso tampoco es bueno.

Una sociedad que cree haber acabado con el machismo, que piensa que la mujer no está oprimida que “ni machismo ni feminismo, igualdad”, que no sabe qué es el feminismo, que la terminología les confunde. Una sociedad donde la mujer sigue cobrando menos que el hombre por realizar el mismo trabajo, donde si miramos hacia arriba existe un techo de cristal en sus cabezas que les dificulta o incluso les impide llegar a ocupar puestos de responsabilidad. Donde se les asesina, acosa y humilla por el hecho de ser mujer, donde se piensa que están locas o son unas exageradas. Una sociedad donde hay gente que pese a los hechos asegura que no es tan grave como nos quieren hacer creer y tratan de desacreditarlas inventándose términos despectivos para que así las verdades les duelan menos “eres una feminazi” o “eso es hembrismo”.

¿Os imagináis ese país fuese España y esa fuese nuestra sociedad?

Menos mal que solamente es un ejemplo de un género literario y esto es sólo un artículo.

 

Olaia Calvelhe Panizo

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